Funes de Rioja: “La ley de góndolas generará complicaciones y encarecimiento”

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E l presidente de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (Copal), dijo que el proyecto que se trata hoy en Diputados “no es el camino” y aseguró que “los supermercados representan no más del 35 por ciento del mercado”.

“Desde 2011 Argentina no genera una tasa de crecimiento que le genere ir absorbiendo las expectativas desde el punto de vista social y laboral”, dijo Daniel Funes de Rioja en diálogo con NewsBiz. Y, si bien se mostró comprometido con la problemática de pobreza en Argentina desestimó los efectos de la ley de góndolas que se trata hoy en Diputados.

“Los supermercados representan en el volumen de venta no más del 35 por ciento del mercado, el resto está diseminado en almacenes, negocios de proximidad, autoservicio, e incluso kioscos, lo que significa que hay una bastedad muy grande en donde también se filtra, con mayor facilidad, el canal informal”, explicó.

Funes de Rioja, que ya está en diálogo con el presidente electo, Alberto Fernández, y participó la semana pasada de la presentación del Consejo contra el Hambre que encabezó el diputado Daniel Arroyo, apoya la continuidad el programa de Precios Cuidados, pero no acuerda con la ley de góndolas que “terminará representando una complicación desde el punto de vista de la organización y el control, y seguramente generará un encarecimiento porque la disponibilidad de góndola en determinados  productos frescos, etc., requiere una reposición exigente y capacidad de stock”.

Por eso, apuntó a “priorizar que –la política social- sea lo más amplia posible en productos de primera necesidad y que llegue efectivamente”, a través de la tarjeta social que impulsa la próxima gestión de gobierno. “Si hay políticas de Estado hay visión de mediano y largo plazo”, deslizó el dirigente a NewsBiz y señaló que el inversor mundial y el empresario local “necesitan previsibilidad”.

El titular de Copal y vicepresidente de la UIA, apuntó a la carga tributaria que en el caso de alimentos constituye el 40% y en bebidas 50%; las distorsiones en el costo logístico que “llegan a triplicar los internacionales”; y el “costo de la mano de obra” que -según explicó- impacta más en las pymes y economías regionales que se encuentran en la periferia de los grandes centros comerciales.

“Los impuestos al trabajo tienen que ser adecuados para generar mayor formalidad lo que beneficia tanto al empleado como a su empleador; hace a que vivamos en el sistema con una competencia pareja”, destacó.

“Hoy, estamos frente a un estrés por las tensiones desde lo político, pero el Mercosur es mucho más importante que eso; es necesario de un bloque fuerte que se pueda sentar a dialogar con la Unión Europea de modo tal que sea un camino de doble vía”, consideró el titular de Copal-

– ¿Cómo impacta la recesión en el comercio?

-Las dificultades se presentan, fundamentalmente, cuando uno quiere exportar valor. Nadie duda que Argentina tiene una gran capacidad de producción primaria, y en eso hemos genera una competencia y competitividad muy marcada, pero cuando se trata de agregar valor hay factores que la distorsionan. Desde Copal lo hemos marcado muchas veces, también lo dijo Luis Pagani, y lo retomo, “somos competitivos puertas adentro de las fábricas y no hacia afuera”. Primero por la elevadísima presión fiscal, que lleva a nivel asfixiantes, por el combo de tributos nacionales, provinciales y tasas locales. Cerca de 40 por ciento sobre alimentos y 50 en bebidas.

– ¿Se pierde competitividad interna y externamente?

-Exactamente, terminamos exportando impuestos. Desde 2011, en alimentación, prácticamente no aumentamos la cantidad de empresas exportadoras. Copal reúne 5.000 empresas entre grandes, medianas y micro. Sólo el 5 por ciento son grandes con un peso en el producto bruto muy importante, pero el entramado empresario tiene un componente medible y otro informal. Ahí hay una potencialidad, en la medida de que lo dejen emerger y una de las razones por las que no se da es la elevadísima presión fiscal.

– ¿Contribuyó la reforma fiscal de 2017?

-No se llevó a la práctica la reforma con la profundidad necesaria; entonces, actúa como disuasivo para formalizarse y que esto permitiría acceder a otra escala y, por otro lado, colmo competencia desleal contra el sistema formal.

Para colmo, entre las medidas de emergencia que se tomaron, se bajaron los reintegros a las exportaciones, que en realidad son una devolución de impuestos, y crearon retenciones.

 

-En suma, todo afecta a la productividad pese a que fue uno de los principales puntos de la agenda del Gobierno de Mauricio Macri

-Absolutamente. Vivir en procesos inflacionarios tan profundos termina generando que la única discusión es cómo le corro a la inflación y no cómo soy competitivo y productivo. Hoy los impuestos al trabajo, son sumamente distorsivos sobre todo en las economías regionales y las pequeñas empresas que son mucho más mano de obra intensiva y de media y baja calificación. Cuando uno tiene alta tecnología y por ende recursos humanos capacitados y poco intensivos en mano de obra, esta distorsión es menor. Pero cuando uno ve el país real, y ojo que la industria de alimentos y bebidas está arraigada en todas las regiones del país, estar en la periferia de los grandes centros productivas constituye una cuestión mucho más gravosa.

– ¿Cuál es la prioridad en materia laboral?

-Los impuestos al trabajo deben ser adecuados y proporcionados para no generar evasión e informalidad. La empresa formal debe tener trabajadores formales; la formalidad no sólo hace a que pague impuestos sino también a que el trabajador tenga protección social se respeten las leyes, vivamos dentro de un sistema de competencia racional, sino el acceso a los insumos se distorsiona

En términos de creación de empleo la industria ha perdido más de 140 mil puestos de trabajo, sin embargo, en la industria de la alimentación que está absolutamente golpeada, resentida, con utilización del 50 por ciento de su capacidad instalada, la pérdida de puestos de trabajo y cierre de fábricas ha sido menor. Con lo cual la condición de salida hacia adelante es mejor;  ahora, no puede exportar quien es informal o tiene en su cadena eslabones informales.  

– ¿Qué lugar ocupan los costos logísticos y de transporte?

Los costos logísticos en la Argentina, llegan a triplicar los internacionales y obviamente hay que actuar sobre las causas que son variadas. El 95 por ciento de las operaciones se realiza por tierra, pero también existen “Aduanas secas” entre provincias e incluso en municipios, que generan trámites que constituyen verdaderos derechos de tránsito y que son totalmente injustificados.

Hay que revisar la matriz de transporte y buscar mecanismos que agilicen los tiempos de traslados de la mercadería y generar modelos desde el punto de vista laboral que permitan adecuarse a nuevos modos de transporte.  Ahora, por ejemplo, a los bitrenes, pero también existen modalidades de contrataciones que constituyen trabas a una logística ágil y lo menos gravosa posible. Hoy el costo no es razonable en comparación con países industrializados del mundo desarrollado.

-¿Cómo se prepara la industria de alimentos y bebidas para la próxima etapa?
-La industria de alimentos y bebidas llegó a exportar en 2011 US$ 30 mil millones de productos industrializados, y hoy 25 mil millones -con aceites incluidos-; tiene potencial para crecer y alimentar a 450 millones de personas en el mundo. Tenemos alta tecnología, desarrollo, condiciones sanitarias y organismos de contralor que con son muy necesarios para salir al mundo. No queremos menos Estado, queremos un Estado muy eficaz que acompañe porque tenemos que hablar de integración inteligente y muchas de las barreras no arancelarias se deben superar en el marco de la Organización Mundial de Comercio y pensando en un multilateralismo activo y eficiente.–

Argentina exporta entre 25 y 30 mil millones de dólares en alimentos industrializados e importa entre insumos y productos elaborados 1.500 millones de dólares, es una balanza tremendamente desfavorable, con un importante potencial de desarrollo. Tanto el gobierno saliente como el que viene han dicho que se necesita dólares, acá tienen evidentemente un frente que a pesar de estos balances que muestran que en los últimos años las empresas han perdido sumas importantes de dinero, las grandes empresas que cotizan en bolsa, sin embargo, no han destruido el empleo y están en condiciones de reaccionar

-¿Y A nivel regional?
-Tenemos otra red impresionantemente importante si la trabajamos bien que es el Mercosur, lo que nos permite ser un bloque con producción primaria y en algunos casos secundaria similar. El comercio intramercosur tiene que ser fuertemente incrementado y de ahí al mundo. En esto tendríamos la capacidad de en poco año, producir efecto. Primero porque estamos a media utilización de la capacidad instalada, tenemos capacidad de transformarnos porque la industria se ha transformado en términos generales; en la Argentina confluyen multinacionales y multilatinas, por ende, tenemos un nivel de desarrollo que nos puede permitir ser más que el supermercado del mundo, ser la góndola.

 

– ¿Qué se necesita?

-Acompañamiento desde el punto de vista de una adecuada y extensa moratoria fiscal para que las pymes sobre todo puedan adecuarse; una reforma fiscal para que las pequeñas empresas entre al sistema también y no exportar impuestos, y un acceso al capital de trabajo a través del sistema financiero que realmente sea accesible. Todo bajo los ejes de tecnología y productividad, una asignatura pendiente que estamos en condiciones de trabajar.

Estamos en la cuarta revolución industrial con convenios – laborales- del `75. En la naturaleza de las organizaciones está la adaptación, entonces tener que cambiar de maquina no puede implicar un riesgo laboral.

– ¿Considera que el nuevo escenario político permitirá dar pasos en este sentido?

-La situación en la que está la Argentina productiva requiere actuar rápidamente; siempre hemos estado a favor del diálogo social y de generar acuerdo económico-sociales: En la experiencia internacional estos acuerdos han sido producto de las grandes crisis, puntos inflexión o posguerras. Si bien no estamos hablando de una guerra si de una crisis profunda que requiere una nueva visión. desde el punto de vista laboral, no se trata de conculcar derechos sino de entender que hay una nueva lógica productiva y que, si queremos entrar en el marco de la globalización, tenemos que desarrollar ventajas competitivas.

Y creemos que se tiene que dar en el marco de un país desarrollado industrialmente; su sector primario es altamente competitivo pese a distorsiones que pesan, pero en esa cadena -lo dijimos en el marco del G20 que nos tocó fusionar para el sistema alimentario sustentable- se conjugan exportaciones primarias y otras con valor agregado. En la medida que se enriquezca esa cadena desde ya se genera empleo, pero además suma valor a la producción local y generar una competitividad que nos distinga en el mundo.

-¿El primer desafío es lograr consenso?

-Hay un gran reto que nos exige poneros de acuerdo en el marco de una definición que da la política, no entre empresarios y trabajadores. El presidente electo, Alberto Fernández, vino a la Unión Industrial Argentina, planteó esto, somos muy receptivos y estamos absolutamente de acuerdo. Ojalá Argentina hoy esté en condiciones de poner sobre la mesa los temas y saber que probablemente tengamos que ceder en determinadas cosas y en otras graduar los tiempos para conjugar intereses.

-Los gremios tienen mucha injerencia en la política, ¿Qué expectativas hay respecto a la negociación en vista de las reformas que plantea?

-Las nuevas tecnologías nos están planteando un nuevo escenario ahora, no dentro de 10 años. Por eso, además de las cuestiones macro, se debe vincular la educación y el empleo y preparar a las personas para dar respuesta a la robotización y automatización. Los gremios industriales conocen los resultados de la crisis, y que no solamente hay que recomponer sino proyectar, porque cada año se incorporan cerca de 250 mil personas al mercado de trabajo. Las crisis nos dan el espacio para ese diálogo maduro.

– ¿Se puede apuntar en paralelo a combatir el hambre, reactivar el consumo interno y aumentar las exportaciones?

-Creo que son absolutamente interdependientes; la pobreza forma parte del mercado interno porque a lo que apuntamos es a que sea mercado, aunque tenga políticas especiales. Por eso ya en 2015 había planteado la reducción o eliminación del IVA para los productos de la canasta básica; se llevó a cabo postpaso y de carácter general. En el diálogo que tuvimos con el Dr. Fernández en la UIA coincidió en que no era lógico que todo el universo tenga ese beneficio, independientemente de la reforma fiscal que hay que realizar, hoy, hay que priorizar que -la política social- sea lo más amplia posible en productos de primera necesidad y que llegue efectivamente.

-¿Qué espera para el próximo ciclo que se abre en la Argentina?

-Respecto a las exportaciones anhelo a que podamos conjugar rápidamente un paquete de medidas que impliquen ese salto que la industria de alimentos puede ayudar a dar, que sería sumamente útil para aliviar la economía y la ansiedad colectiva. En conjunción con un Mercosur fortalecido y una región que resuelva democráticamente sus dificultades.

Lo fundamental en este momento es bajar el estrés del año, tanto por lo electoral como por las cuestiones financierasuna América latina que se ha vuelto a convulsionar. La paz social es fundamental, es muy difícil que una economía se desarrolle si no es en un contexto de paz social y que podamos entre todos concluir un modelo inclusivo de la producción y la sociedad. Evidentemente se requiere de infraestructura física y social y transparencia para consolidar equidad, justicia y evitar la anomia. Argentina ha demostrado madurez en esta transición política, y eso va a permitir los acuerdos económicos y sociales que se necesitan.

 

 

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