El Jagüel, una parrilla de vanguardia en Palermo

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La competencia parrillera es alta. El saber popular es mucho. Sin embargo, hay un espacio que se gana su lugar con toques de originalidad que le ayudan a sobresalir. Un patio, un jardín de invierno, un sitio verde donde encontrar cobijo de las inclemencias del tiempo sin perder contacto con la naturaleza. Un ámbito para gozar del aire libre, aún en una parrilla. Con cierto tono de glamour y buen diseño, acompañado de rusticidad de vanguardia, las instalaciones espaciosas sugieren, desde la primera mirada, un encuentro distintivo con las carnes.

La parrilla se ve, pero no se siente. El olfato está muy bien resuelto. El sistema es moderno y ágil. se ordena y retira desde la barra. Los platos son pocos, lo que ayuda a una buena selección de lo que se propone. Todo está a la vista, incluso la barra de ensaladas estilo Ottolenghi y una elección de vinos de bodegas boutique, con excelente relación entre precio y calidad.

Árboles y enredaderas se entrelazan en el proyecto de Nicolás Wolowelski y Juan Martín Migueres, dueños de El Jagüel, en el barrio porteño de Palermo, un sitio que se animó a repensar un clásico argentino con inspiración que no se queda sólo en la estética, profundiza también en la carta.

El valor de lo que se come

Una gran parrilla, junto a un horno a leña que complementa a las carnes con guarniciones cocidas en su interior. Las entradas seducen con clásicos reversionados. La morcilla llega en croqueta, rebozada en panco y servidas con alioli, salsa criolla y medio limón asado. Para la empanada de carne eligieron el roast beef cortado a cuchillo en una masa de elaboración propia y cocida al horno de barro. La provoleta es un hallazago, acompañada tomates confitados y chimichurri.

Las ensaladas se saben mejor de lo que se puede prever. Una tradición nacional de papa y huevo, se enfrenta a un exótico cous cous con damasco, ciruelas, almendras, cilantro, tomate y cebolla morada.
La entraña es muy recomendable. La arañita una sorpresa. El Ojo de bife solvente. Con un leve ahumado que aporta la leña, todas las carnes se acompañan con una papa aplastada.

El pan también tiene su homenaje con la versión francesa de masa madre y  de campo (también hecho con masa madre) se sirve con manteca saborizada. Para beber se destaca la selección de vinos de bodegas boutique, como Traslapiedra, Finca Suárez, Manos Negras,  Anko, entre otros, ofrecidos en copa y botella.

Los postres merecen tener un lugar… Frutas quemadas, cocidas en el horno de barro y desglasadas con torrontés, con crema son una recomendación abierta de la casa. Sin embargo, el flan de Dulce de leche con crema es hecho con dos días de elaboración, con parecido a  la vieja tradición de la leche condensada. Toda porción queda chica.

Buen paseo, amable espacio, atención correcta, corazón contento al salir.

Por Flavia Tomaello, especial para Newsbiz.

 

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