¿De quién son los intereses?

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Argentina no podría estar más a tono con la agenda internacional, dirán apresurados algunos políticos de Cambiemos. Vemos a Inglaterra saliendo de la Unión Europea, queriendo recuperar su autonomía para firmar acuerdos bilaterales de comercio: ese es el camino que seguirán las naciones del Mercosur. Así lo expresaron, de común acuerdo, los presidentes de los dos principales países del bloque, Argentina y Brasil, tras el primer encuentro oficial mantenido el pasado miércoles 16 en Brasilia. ¿Pero cuán similar puede ser el camino anglosajón y el latino hacia el mismo objetivo?

Inglaterra viene discutiendo hace al menos seis años su salida de la Unión Europea; un proceso que no le es nada sencillo. En 2013 el entonces presidente David Cameron propuso realizar un referendum a través del que decidiría la permanencia o no en la UE y que tenía amplio consenso en la población. Es decir: en primer lugar los ciudadanos ingleses expresaron su deseo a ser consultados. El resultado de la votación, llevada a cabo en junio de 2016, sorprendió por lo ajustado: 52% a 48% triunfó el Brexit. Eso fue fuerte golpe para la política y la comunidad inglesa que conllevó la salida anticipada del Primer Ministro y su reemplazo tras elecciones por la actual mandataria Theresa May.

Por Mara Pedrazzoli Economista y Experta en Economía Internacional del Centro Cultural de la Cooperación.

En esos años May se oponía al Brexit y hoy es la principal responsable de las negociaciones, tanto con el Consejo Europeo -como órgano directivo de la UE- como con los representantes de la política interna. La decisión parece no tener vuelta atrás, pero el acuerdo legal que negoció May con el Consejo Europeo y luego sometió a modificaciones tras discusiones internas no encontró aprobación en el parlamento inglés. En la votación del pasado martes 15 la negativa fue contundente (432 votos en contra y 202 a favor) inclusive entre los legisladores de su propio partido (por cada voto afirmativo, tres votaron en contra). Nota al pie: parece que en los debates legislativos más trascendentes no funciona la doctrina partidaria (como ocurrió en Argentina en el último debate sobre la ley del aborto).

Así las cosas, ante la imposibilidad de lograr un consenso en la Cámara de los Comunes y la negativa de parte del Consejo Europeo de renegociar el acuerdo, ahora May propone al parlamento discutir una salida sin acuerdo. Es decir, Inglaterra quiere imponer las condiciones de salida a una organización multilateral como es –una debilitada- Unión Europea. Las definiciones fronterizas con Irlanda del Norte estarían entre los puntos principales de conflicto. Recordemos también que Inglaterra ingresó a la Unión Europea y no cedió su moneda, un aspecto clave a la hora de negociar su salida (aspecto que en el caso de Argentina ha llegado a discutirse con con cada acuerdo firmado con el FMI).

De este lado del Atlántico, la decisión de avanzar en la firma de acuerdos bilaterales jamás formó parte de la agenda del gobierno macrista, al menos nunca llegó a formularse explícitamente o ser planteada como una necesidad para el desarrollo de la industria. La proposición llega de la mano del presidente de Brasil, Jail Bolsonaro, quien a su vez no parece tener demasiado estudiado el tema (y mucho menos conversado con la población): sorprende la inmediata aparición de estos intereses en la agenda de ambos países. Bolsonaro con apenas días de gestión y Macri que viene desatendiendo fuertemente cualquier debate sobre políticas industriales o comerciales en beneficio de la industria nacional.

Parecemos simplemente acorralados. Hasta el presidente brasilero apuntó con su dedo en forma de revolver al estómago de Mauricio Macri en medio de la sesión de fotografías para la prensa. Argentina perdió un aliado importante cuando en nombre de la corrupción devastaron al Brasil productivo que había crecido al amparo de los gobiernos del PT. Al discutir hoy la desintegración fáctica del Mercosur, quedaremos lanzados ambos países a manos de naciones que son económicamente más poderosas. La agenda de desarrollo será dictada por las naciones soberanas o las empresas más exitosas, o no será dictada. Si no recuperamos nuestra capacidad de negociación en el ámbito internacional, el camino hacia un mismo objetivo jamás será el camino hacia un mismo destino.

 

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