Impacto de la pandemia en la cadena de abastecimiento global

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Estamos atravesando un prolongado momento en el que la clave pasa por pensar estratégica y colectivamente, evitando razonamientos que nos lleven a dinámicas en la que cada uno pretenda salvarse solo. El mundo acaba de perder una batalla, pero no la guerra. Luego de un combate hay que pensar estratégicamente en reunificarse para medir fortalezas y debilidades. Y a partir de allí tomar fuerzas para ganar la contienda.

Argentina ya no tenía moneda antes de la pandemia. Y ahora, con el Covid-19, ya cerraron y continuarán colapsando muchas empresas y más gente saldrá a buscar trabajo en un mercado laboral deprimido.

Por Ignacio Sánchez Chiappe Director de IEEC - Escuela de Negocios, Supply Chain Management y Logística

Aunque la urgencia incite el cortoplacismo, es el momento de pensar en el largo plazo porque cuanto menos haya para perder más necesario resulta pensar en cómo dar una solución definitiva y en curar los problemas que ya estaban en la economía y en la sociedad.

Para ello será importante apoyarnos en nuestras dos fortalezas principales:

  • La producción de alimentos, de energía y de conocimiento.
  • Nuestro capital humano con capacidad de triunfar en cualquier parte del mundo.

Primero se deberá entender la necesidad de crear un Plan Estratégico Nacional que se apoye en la educación para articularla con la innovación de las áreas vinculadas con nuestros pilares: las industrias energética y alimenticia, y la industria del conocimiento. No serán las únicas, pero darán criterio de unidad. Y en las condiciones actuales son las que más pesan para producir rápido los productos de valor que el mundo se desespera por conseguir.

Saldremos adelante, pero no emitiendo moneda. Sí, en cambio, produciendo en serio y sosteniéndolo como plan de largo plazo. Necesitamos, de una buena vez, la producción y exportación de productos de alto valor agregado que generen las divisas que necesitamos urgentemente.

Es la forma de encontrar un porqué y un sentido a fijar un norte productivo en serio para el país que desarrolle una educación orientada al trabajo y a la producción de productos con valor. Por otra, parte no es nada diferente a lo que llevan haciendo los países a los que les va bien.

Es una forma de dar sentido a la formación profesional, a la consolidación y crecimiento de cadenas de valor, a la profesionalización de las Pymes que se quieran sumar a la necesidad de crear productos del real valor que el mundo nos quiera comprar.

Las decisiones macro impactan, y mucho, en las decisiones micro. Y los profesionales argentinos, de excelente nivel y que triunfan en todos lados, no pueden escapar a lo que se determine ahora como plan de largo plazo.

Es un momento para verdaderos estadistas. No para organizar chapuzas y recurrir a “más de lo mismo”. Los países menos desarrollados y con moneda débiles son los que salen más dañados de estas crisis.

 

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