Organizaciones, con miras a la diversidad

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Numerosas cuestiones sobre diversidad son hoy discutidas por los distintos actores de la sociedad Argentina. En este contexto, las organizaciones intentan adaptar la “nueva tendencia” en su cultura y muchas veces encajarla a toda costa, sin comprender cuáles son los verdaderos motivos que guiaron a las organizaciones exitosas a implementarla desde su concepción. Se trata de una propuesta de diversidad genuina potenciada por una sociedad abrumada por la información y por el impacto de las nuevas tecnologías.

Hablar de diversidad es comprender que las tareas en las organizaciones se pueden hacer de otra manera: trabajando con equipos de edades, raza, sexo e ideologías diferentes, de manera conjunta y con resultados superadores. También es comprender que la comunicación es atravesada por un lenguaje incorporado por las nuevas generaciones,  que interactúa de manera diferente, ya sea por el efecto de la tecnología o por las nuevas tendencias socio-culturales.

Por Mg. Pablo Limongelli Profesor Licenciatura en Recursos Humanos de UADE

En nuestro entorno laboral cada individuo con sus riquezas y aptitudes potencia el trabajo a realizar y ayuda a percibir una realidad que cambia vertiginosamente. Tenemos que pensar que eligiendo personas que son diferentes a nosotros nos complementamos y crecemos porque damos lugar a un aprendizaje mutuo que nos enriquece.

Por otro lado, resulta preocupante la negación de la diversidad y las expresiones discriminatorias que muchas veces se desarrollan en el mundo. No es posible imaginar un mundo sin el crecimiento de la mujer como líder en las organizaciones, sin dejar de lado esa idea del “techo de cristal” tan absurda como real en el pensamiento de muchos individuos que siguen creyendo que la mujer no puede dirigir y ponerse al frente de las organizaciones.

Si bien en la  última década todas las regiones del mundo mejoraron en promedio en términos de la igualdad de género, según el Banco Mundial solo seis países -Bélgica, Dinamarca, Francia, Letonia, Luxemburgo y Suecia- obtuvieron el 100% de la calificación en lo concerniente al reconocimiento de los mismos derechos laborales entre mujeres y hombres. Al respecto, la OIT expone que “las diferencias de remuneración entre hombres y mujeres, de alrededor 20 por ciento a escala mundial, siguen siendo inaceptablemente altas”. Diferencias imposibles de seguir sosteniendo.

Poniendo el foco específicamente en nuestro país, el mercado laboral recibe casi la misma cantidad de personas de ambos sexos, en casi todas las franjas etarias laborables. No obstante, Argentina es el país de la región donde mayor proporción de mujeres sienten que tienen menos oportunidades de crecimiento profesional en relación a los hombres (48% de las que trabajan), a pesar de declarar en muchos casos ser el sostén del hogar. Son seguidas por sus pares de Chile y Colombia: el 44% dijo cobrar menos que sus compañeros hombres que realizan tareas similares. Lo más llamativo es que, dentro de esas cifras se oculta un pensamiento que deviene mayormente de las mismas mujeres, demostrando que la influencia en la educación y valores que nos han transmitido en nuestras familias desde pequeños es un eje clave en relación a nuestros pensamientos futuros.

Asimismo, no son sólo las mujeres quienes pueden sufrir desigualdad de oportunidades y trato. Si pensamos en el ataque constante que aún hoy siguen sufriendo aquellos que han tenido que migrar de/a otros países o los pueblos originarios en muchas regiones o inclusive grupos por cuestiones religiosas, indefectiblemente nos lleva a un retroceso como sociedad global y no solo por tratarse de minorías -la población de mujeres claramente no lo es-, sino por prejuicios culturales y educativos no siempre fáciles de erradicar. Es en la pluralidad en donde las sociedades encuentran su motor generador de nuevas ideas siendo precisamente allí donde se verifican los casos de éxito de nuevos emprendedores. Y son las nuevas generaciones quienes nos empujan y aceleran para este cambio que ya no puede frenarse.

Por su parte, las reglamentaciones por cupos o normativas que obligan a las organizaciones a movilizarse con miras a la diversidad  se van constituyendo como “nugdes”, empujoncitos, que develan grandes conquistas previas y sientan los  precedentes para alcanzar –aunque en principio sean tomadas como una imposición-, el cambio cultural necesario para que estas clasificaciones en que la sociedad global se fue encasillando, ya sea por edad, sexo y demás muros que nos han separado por tantos años, se vayan por fin diluyendo.

Para finalizar, recomiendo que todos hagamos el simple ejercicio de compartir una idea o proyecto con alguien que piense distinto a nosotros y tratar que esa experiencia sea un comienzo, el puntapié inicial, para nuevas maneras de relacionarnos en el futuro, enriqueciendo el proceso inclusivo.

 

2 comentarios
  1. Walter dice

    Excelente artículo. Con una mirada inclusiva y sin competencia sino con colaboracion es como se puede llevar adelante los objetivos en una empresa y en la vida.

  2. Marcelo Sola dice

    Excelente nota Lic Pablo Limongelli, muy interesante. Felicitaciones.

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