Planes alternativos de gobierno

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Es la equidad y no la individualidad lo que debe propugnar cualquier plan de gobierno: la “integración” social que contrarreste la segregación del sistema. En Argentina la discusión gira en torno a unas pocas variables: tipo de cambio, inflación y empleo. Complejo pero no insensible.

Entre economistas hay una idea de que existe que un Tipo de Cambio Real (TCR) de equilibrio en torno al cual debe mantenerse dicha variable. ¿Sabemos cuál es? No con la exactitud muchas veces pretendida, pero podemos identificar trayectorias fuera de una tendencia ó los problemas de una “excesiva” apreciación o depreciación cambiaria. 


Una distinción importante de hacer es entre tipo de cambio nominal (el que siguen todos los días la tele y los diarios) y TCR (que publica en su web el Banco Central). El último es una medida de competitividad de la economía: así como el salario “real” mide lo que el salario “nominal” puede comprar, el TCR refleja el poder de compra de un dólar convertido en pesos en nuestra economía. A groso modo, muestra la relación entre la devaluación/apreciación nominal (de la que estamos bien informados) y la inflación.


Así mientras durante la Convertibilidad, con el tipo de cambio nominal fijado en una relación de USD/ARS 1 y la inflación estable, el TCR se mantuvo en torno a 76 puntos, ese número saltó por los aires con la devaluación de 2001 (quizá indicando que la relación no era compatible con nuestra competitividad “natural” o histórica). Luego con un esquema de precios internacionales inusualmente favorable para los productos agropecuarios, como fue el período de 2003-2007, el TCR promedió los 160 puntos. Actualmente se encuentra en 118, un lugar intermedio entre ambos extremos, ¿pero es sostenible? ¿es el apropiado
¿por qué estamos hablando del TCR?


Si la inflación no baja, y se estima que rondará este año el 30%, y el Banco Central sigue dispuesto a ofrecer tasas de interés altísimas para mantener a raya al tipo de cambio nominal –dentro de la banda de flotación pautada por el FMI-, lo más probable es que empecemos a experimentar –como viene ocurriendo desde octubre pasado- una tendencia sostenida a la apreciación del TCR.

Zoom: trayectoria del índice desde implementación del nuevo programa monetario. Fuente: Banco Central

Y es interesante pensar, a mi entender, los modelos de desarrollo económico que promueve en el mediano o largo plazo una relación de cambio con el dólar “cara” (de un tipo de 

cambio apreciado, mirada del lado del poder de compra real de nuestra moneda, con un peso podemos adquirir más mercancías valuadas en dólares, tenemos una “moneda fuerte”, entonces vamos a comprar todo fabricado afuera y destruir el aparato productivo local, y por ende el empleo) ó “competitiva y estable” (como decía un afamado economista, que fue el modelo que ensayó el kirchnerismo al menos en buena parte de su gobierno, no sólo administrando el TCR sino a través de la política comercial de incentivo a la producción industrial en suelo argentino). 

Mara Pedrazzoli Economista y Experta en Economía Internacional del Centro Cultural de la Cooperación.


Quienes disfrutan mostrarse como ejemplos de la buena conducta señalan que La manera “genuina” de ganar competitividad es abaratar nuestros costos de producción respecto de otros países del mundo (como hizo China, que a su vez promovió una política de agresiva promoción industrial y una sostenidísima depreciación cambiaria que todavía hoy Estados Unidos cuestiona). Ellos defienden o defenderán –en los próximos años, de la mano de los votos y el FMI- una Reforma Laboral que baje salarios en nombre de la competitividad, así como promueven actualmente el ajuste fiscal en nombre de la austeridad. En nombre del progreso, a cambio de la vida de la gente: como sugirió el ex Ministro de Economía, Axel Kicillof, en su reciente reunión con representantes del FMI.

Es verdad que la política cambiaria del kirchnerismo tuvo sus agujeros, y en menor medida los tuvo la política industrial o comercial, pero no perdía de vista Un norte, que era la inclusión a través del trabajo. Ese objetivo no forma parte del “camino” del macrismo, de ningún modo, la pérdida de puestos de trabajo y la pobreza alcanzó niveles récord bajo el actual gobierno. Es válida la discusión de si la inclusión debe ser o no a través del trabajo; algunos países analizan la posibilidad de establecer un salario universal para compensar la segregación del sistema, pero nosotros como país estamos en las antípodas de esas sociedades más igualitarias.

También es cierto que la depreciación cambiaria es contractiva en el corto plazo, pero una apreciación sostenida en el tiempo y partiendo de niveles de destrucción del aparato productivo local como el actual sólo contribuirá a generar más pobreza. Son pocos los sectores que pueden competir con una “moneda fuerte” (el financiero –sosteniendo estas tasas altas-, el agropecuario, minería y combustibles) y no generan una pizca de empleo. Sabemos además que la “teoría del derrame” se ha filtrado hasta evaporarse de cualquier debate serio. 

¿Qué modelo de país queremos? ¿Cómo? ¿Pensando en quiénes? Planes alternativos de gobierno que deben estar en el centro de la discusión ante las próximas elecciones políticas.

Fuente: Banco Central República Argentina, base dic-2015, ARS respecto de monedas de principales socios comerciales.

 

 

 

 

 

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